CERVEZA EN EL ANTIGUO EGIPTO

HISTORIA CERVECERA I

Autor: Javier Márquez

Ya te dimos un paseo rápido por 20.000 años de la historia de la cerveza. Pero creemos que hay capítulos en los que merece la pena pararse. Como por ejemplo, el antiguo Egipto.  

Es habitual escuchar a mucha gente decir que en su país o en su ciudad disfrutan de una cultura muy cervecera. Pero será realmente difícil encontrar una sociedad actual tan cervecera como realmente lo fue la del Antiguo Egipto.

 

En aquel periodo, comprendido entre el año 3150 y el 31 a.C., la cerveza suponía mucho más que una simple bebida para calmar la sed. Era un alimento fundamental, un remedio médico, una forma de pago, la ofrenda más exquisita… De hecho, la cerveza era considerada, junto con el pan, como “dos nuevos ojos” -en alusión al ojo de Horus, un símbolo mágico que representaba el orden, el estado perfecto y la estabilidad cósmica-, y su invención era atribuida nada menos que a Osiris, hijo de Nut, señor de Abidos y Busiris, dios del inframundo y juez de los muertos. Esto último, aunque un punto macabro, convertía a Osiris en “espíritu regenerador” que hacía germinar y regenerar cada año las cosechas gracias a las crecidas del Nilo. Y de las cosechas a la cerveza, había solo un poco de trabajo.

 

Sin bien los egipcios no fueron los creadores originales de la cerveza (los últimos hallazgos arqueológicos, del pasado año, datan la “primera ronda” hace unos 13.000 años), sí que fueron los primeros en iniciar una producción a gran escala para poder responder a la alta demanda social. De hecho, hubo maestros cerveceros de Alejandría y de Pelusium que gozaron de notable prestigio, ¿os imagináis a Antonio Fumanal, maestro cervecero de Ambar en esa época? Por otro lado, a los artesanos que desarrollaban este trabajo se les reconocía tanto valor social que a veces incluso se les reservaba el derecho a una tumba en la necrópolis de Tebas (además de quedar exentos de hacer ‘la mili’ de la época), vamos, todo un chollo.

La primera huelga de la historia, por falta de cerveza

Siendo la cerveza uno de los tres pilares de la alimentación egipcia, junto al pan y la cebolla, es fácil comprender que en muchas ocasiones se utilizase la cerveza como medio de pago, especialmente en el caso de militares y servidores públicos. No obstante, en el año 1166 a.C., durante el reinado del faraón Ramses III, tuvo lugar un conflicto singular: los obreros que levantaban el monumento que habría de servir de tumba al faraón, decidieron cruzarse de brazos ante el prolongado retraso en el esperado pago en especies, entre otras cosas la cerveza para saciar su hambre y su sed. Con ello dieron lugar a la primera huelga de la que se tiene constancia en la historia.

 

La relevancia social de la cerveza en el antiguo Egipto la llevó incluso a protagonizar algunas de las “Enseñanzas de Ptahhotep”, la célebre colección de proverbios morales, obra de un administrador durante la quinta dinastía, en los que ofrecen indicaciones sobre cómo, cuándo y con quién debía disfrutarse de esta bebida.

Tragos en el más allá

En cuanto a las beneficiosas aplicaciones de la cerveza, se conserva un papiro con una lista de casi una veintena de variantes a la hora de elaborar el brebaje según la enfermedad que se quisiera tratar con él. Y eso sin olvidar que el contenido alcohólico residual de la fermentación ayudaba en la esterilización de los recipientes, colaborando así a aplacar las infecciones causadas por el agua de los pozos, que no siempre gozaban de las mejores condiciones higiénicas.

Y dada la importancia que para los egipcios tenía la otra vida, inevitablemente la cerveza jugaba también un papel muy destacado en las ofrendas a los muertos, que servían para alimentar al duplicado espiritual del cuerpo durante su viaje al reino de Amenti. Estas ofrendas se realizaban normalmente en cantidades muy abundantes, tanto que en algunas tumbas llegaron a incluirse pequeñas fábricas de pan y cerveza para poder abastecer a los difuntos en el más allá.

El propio origen de la cerveza estaba rodeado para los egipcios de misticismo, pues como ya les ocurrió antes a los sumerios, no comprendían aún por aquella época el proceso de fermentación. Como contábamos al principio, esa era la razón de que los egipcios atribuyeran esta bebida a orígenes divinos, y de los varios mitos que se forjaron sin duda el más tétrico, pero con profético y poético final fue el protagonizado por Sejmet.

 

Contaban los escritos que aquella diosa guerrera, con cuerpo de mujer y cabeza de leona, fue enviada por su padre, el poderoso Ra -dios del cielo, del Sol y del origen de la vida-, para castigar a la humanidad por dejar de adorarlo. Pero el escarmiento impartido por Sejmet fue tan duro que el propio Ra, para calmarla, le dio a beber cerveza roja (habitualmente se elaboraba la bebida con trigo rojo, espelta), diciéndole que se trataba de la sangre de todos los hombres. Embriagada por el trago, Sejmet paladeó la felicidad y acabó transformándose en Hathor, diosa egipcia del amor, la alegría, la danza y la música.

Qué mejor muestra del optimismo que transmite una cerveza. Hoy casi podemos imaginar a Hathor al grito de “¡Venga otra ronda!”

 

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