¿Qué son los probióticos y por qué los hemos metido en una cerveza?
Probablemente hayas oído hablar de ellos en yogures, kéfir, kombucha o complementos alimenticios. Pero ¿qué son los probióticos exactamente? Y, sobre todo, ¿qué hacen dentro de nuestra cerveza Ambar Triple Zero® Probiótica?
La respuesta corta es que los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios al organismo. Esa es, de hecho, la definición aceptada internacionalmente por organismos y expertos en este campo.
Y en Ambar pensamos: si podemos innovar para crear una cerveza sin alcohol 0,0 y 0 azúcar, ¿por qué no dar un paso más?
Así nació Ambar Triple Zero® Probiótica, una cerveza que incorpora mil millones de probióticos de la cepa Bacillus subtilis HU58 y que ha sido desarrollada para que estos microorganismos lleguen vivos hasta la microbiota intestinal.
Sí, hemos metido probióticos en una cerveza. Y tiene bastante más sentido de lo que parece.
¿Qué es la microbiota?
Para entender qué son los probióticos y para qué sirven, primero hay que hablar de la microbiota.
Nuestro organismo convive con una enorme comunidad de microorganismos. Una parte importante se encuentra en el aparato digestivo y forma lo que conocemos como microbiota intestinal.
Los probióticos son microorganismos vivos, principalmente determinadas bacterias y levaduras. En el mundo cervecero, la levadura de cerveza es precisamente uno de los microorganismos fundamentales. En el caso de los probióticos, estos pueden incorporarse a nuestra microbiota cuando se consumen en cantidades adecuadas.
Pero hay algo importante: no todas las bacterias son probióticas y no todos los probióticos hacen lo mismo. Sus características y posibles efectos dependen de factores como el género, la especie y, especialmente, la cepa utilizada. Por eso no tiene demasiado sentido hablar de “los probióticos” como si todos fueran idénticos.
Podemos encontrarlos de forma natural o añadidos a determinados alimentos y bebidas, además de en complementos específicos.
¿Para qué son buenos los probióticos?
Los microorganismos que viven en nuestro intestino forman un ecosistema complejo y participan en numerosos procesos del organismo. Algunas cepas probióticas se estudian, precisamente, por su capacidad para interactuar con ese ecosistema y contribuir a mantener una comunidad microbiana equilibrada.
Los efectos asociados a una cepa concreta no pueden trasladarse automáticamente a cualquier otro microorganismo que lleve la etiqueta “probiótico”.
Dicho de otra manera: en el mundo de los probióticos, importa tanto qué microorganismo es como cuánto consumes y en qué condiciones llega a tu organismo.
¿Para qué son los probióticos en adultos?
Los probióticos no son algo exclusivo de una edad concreta. En una persona adulta, diferentes probióticos pueden interactuar con los microorganismos presentes en el aparato digestivo. De hecho, existen numerosas investigaciones sobre su relación con diferentes aspectos de la salud intestinal.
Pero más no significa necesariamente mejor, ni todas las cepas producen los mismos efectos. Por eso conviene fijarse en algo más que en la palabra “probiótico”: la identificación de la cepa es fundamental.
¿Qué son los probióticos y prebióticos? No son lo mismo
Aunque sus nombres se parecen mucho, probióticos y prebióticos son conceptos diferentes. La forma más sencilla de entenderlo es esta:
| Probióticos | Prebióticos |
| Son microorganismos vivos | Son sustancias utilizadas por determinados microorganismos |
| Pueden ser bacterias o levaduras | Muchos son determinados tipos de fibra o carbohidratos |
| Se incorporan a través de ciertos alimentos, bebidas o complementos | Se encuentran en distintos alimentos e ingredientes |
| Actúan interactuando con nuestra microbiota | Sirven de sustrato para microorganismos concretos de la microbiota |
Por tanto, la principal diferencia entre probióticos y prebióticos está en que los primeros son microorganismos vivos, mientras que los segundos son sustancias que determinados microorganismos pueden utilizar.
Una manera muy visual de recordarlo sería pensar que el probiótico es el microorganismo y el prebiótico es aquello que puede servirle de alimento.
Entonces, ¿por qué hemos metido probióticos en una cerveza?
Porque podíamos. Bueno, en realidad la explicación es algo más compleja.
Incorporar microorganismos vivos a una cerveza supone un reto tecnológico importante. Aunque en la fermentación de la cerveza ya intervienen microorganismos como las levaduras, conseguir que una cepa probiótica permanezca viva y estable en el producto final es otra historia.
No basta con añadirlos al final del proceso de elaboración de la cerveza y esperar que todo salga bien.
Para que tenga sentido hablar de un probiótico, los microorganismos deben mantenerse en las condiciones adecuadas y llegar vivos al organismo en una cantidad suficiente.
Y una cerveza convencional no es precisamente el lugar más sencillo para conseguirlo.
Ahí entró en juego Ambar Triple Zero®.
Nuestra cerveza ya tenía dos características especialmente importantes: 0,0 alcohol y 0 azúcar. A partir de esa base desarrollamos Ambar Triple Zero® Probiótica, incorporando una cepa capaz de mantenerse estable en la bebida y superar después el viaje por el aparato digestivo.
¿Qué probiótico lleva Ambar Triple Zero® Probiótica?
Prepárate bien para este párrafo porque vamos a ponernos las gafas de científico:
Ambar Triple Zero® Probiótica incorpora Bacillus subtilis HU58, una cepa desarrollada por Novonesis que puede viajar en forma de espora.
Esto es importante porque la espora funciona como una especie de estructura protectora natural. Permite que el microorganismo permanezca estable dentro de la cerveza y afronte condiciones difíciles durante su recorrido por el aparato digestivo.
Además, Bacillus subtilis está incluido entre los microorganismos contemplados por el sistema QPS (Qualified Presumption of Safety) utilizado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) para la evaluación de la seguridad de microorganismos empleados en la cadena alimentaria.
Cada Ambar Triple Zero® Probiótica incorpora mil millones de estos probióticos.
El 0 azúcar también tiene mucho que ver
Que nuestra Triple Zero® sea 0 azúcar no es un detalle menor. Y si alguna vez te has preguntado si la cerveza tiene azúcar, en este caso concreto su ausencia tiene además mucho que ver con los probióticos.
Para incorporar esta cepa a la cerveza necesitamos que sus esporas permanezcan estables hasta el momento de consumirla. La ausencia de azúcares ayuda a evitar que se activen antes de tiempo dentro de la propia bebida. De esta manera, permanecen protegidas durante el trayecto y pueden superar barreras como la acidez del estómago antes de alcanzar el intestino.
Así que ese “Zero” que ya formaba parte de nuestra cerveza acabó siendo una de las piezas que hicieron posible añadirle probióticos. Casualidades cerveceras que resultaron no ser tan casuales.
Ambar Triple Zero® Probiótica ha sido desarrollada específicamente para incorporar probióticos, manteniendo al mismo tiempo algo que para nosotros era imprescindible: que siga sabiendo a cerveza.
Porque innovar está muy bien. Pero si hacemos una cerveza, queremos que cuando la pruebes sigas pensando exactamente eso: qué rica está esta cerveza.
Preguntas frecuentes
¿Qué alimentos contienen probióticos?
Algunos alimentos fermentados pueden contener microorganismos vivos, como ciertos yogures, kéfires o productos fermentados. Sin embargo, que un alimento sea fermentado no significa automáticamente que pueda considerarse probiótico.
¿Probióticos y fermentados son lo mismo?
No. Un alimento fermentado se elabora mediante la acción de microorganismos, pero para hablar específicamente de probióticos deben existir microorganismos vivos concretos y en cantidades adecuadas, asociados a un beneficio demostrado.
¿Todas las cervezas tienen probióticos?
No. Que una cerveza sea una bebida fermentada no significa que sea automáticamente probiótica. Para poder hablar de un probiótico no basta con que durante la elaboración hayan intervenido microorganismos. Deben existir microorganismos vivos concretos, identificados y presentes en una cantidad adecuada en el producto que finalmente se consume.
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