BREWSTERS, ALEWIFES Y BRACERESSES EN EL MUNDO DE LA CERVEZA

FIGURAS FUNDAMENTALES EN LA HISTORIA DE LA CERVEZA

Autor: Francisco Encarnación

Hubo un tiempo en el que la cerveza era cosa de mujeres. Más bien, la cerveza «casi siempre» ha sido un asunto exclusivo de mujeres. Un matriarcado que cambió cuando la cerveza pasó de la intimidad del hogar, primero a las tabernas y después, con la Revolución Industrial y la llegada del comercio a gran escala, a las fábricas de cerveza. Ahí, la mujer desapareció de la primera y la segunda línea de un negocio en el que llevaba casi desde que el mundo es mundo.

Estudiosas de la relación entre mujeres y cerveza, como Jane Payton escribía en un artículo en The Telegraph, defienden que esta privilegiada relación se remonta hasta hace 7000 años, a los albores de la civilización, en culturas como la sumeria o la mesopotámica.

Pero no es necesario retroceder tanto en el tiempo. Basta con tirar de conocimientos en historia para comprender el peso de las mujeres en el sector cervecero, una industria que, en el pasado, llegó casi a monopolizar. Un documento de 1393, define del término «alewife» como «mujer que guarda la casa de cerveza»; una definición que entronca con otros términos parecidos como «brewsters» o «braceresses» y que pone en valor la labor de elaboradoras que hacían muchas mujeres desde la Edad Media hasta aproximadamente el siglo XVII. Un trabajo que se desarrollaba en la intimidad del hogar y que, en muchos casos, permitía vender el excedente de producción, completando de esta manera los, casi siempre, escasos ingresos familiares.

Durante muchos años, los conventos fueron también un foco de «brewsters», encubiertas bajo el hábito de monjas. En un espacio donde estaba vedada la entrada del hombre, las mujeres elaboraron y experimentaron con cervezas, además de avanzar en el campo de disciplinas como la botánica.

Mención aparte merece la figura de Hildegarda de Bingen, que vivió hasta bien entrados los ochenta años en una época en que pasar de los treinta era casi un milagro. Hildegarda estudió el lúpulo y sus facultades como conservante, estudios que sirvieron siglos más tarde para elaborar cervezas que conservaran sus propiedades, por lo que su papel en el misterio de quién inventó la cerveza es fundamental. De hecho, podríamos decir que Hildegarda está en la base de la pirámide de la exitosa IPA. Ya sabes, la próxima Ambar IPA , ¡a salud de Hidelgarda!

 

Con la llegada del comercio a gran escala, la cerveza se convirtió en una posibilidad de negocio. Las técnicas de conservación y la producción a gran escala, trasladaron la producción de cerveza de las casas y de las oscuras tabernas a las fábricas. Y con ello, la mujer perdió su papel preponderante en beneficio del hombre.

Un hecho apenas recordado que se tradujo en una auténtica «caza de brujas». Así lo retrata la propaganda del siglo XVIII, que refleja la crudeza de la época donde muchas «brewsters» fueron objeto campañas que las calificaba de brujas. Un retrato más que peligroso en una época en la que las hogueras ardían sin necesidad de pretexto en el centro de Europa.

Fue el fin de una etapa que había tenido una línea ininterrumpida, y casi universal, de la mujer como base de la elaboración de cerveza. Ahora, tres siglos largos después, las mujeres vuelven a ganar visibilidad reclamando el lugar que antes fue suyo.

En España, iniciativas como Pink Boots Society ponen en valor la labor de «brewsters» y «alewifes» del siglo XXI, al igual que en países como Inglaterra o Estados Unidos, donde a lo largo de la última década han surgido proyectos exitosos comandados al 100% por mujeres. Cada vez son más las mujeres que recuperan espacio en un mundo aún considerado «de hombres». Uno de los muchos clichés que continúan existiendo hoy en día… que han sido desmontados en el estudio «Mujeres Cerveceras: desmontando mitos y leyendas» impulsado por Ambar.

Es cierto que hubo un tiempo en el que la cerveza era cosa de mujeres y muchas décadas en las que su consumo parecía una cuestión solamente de hombres. Y aunque aún queda camino por recorrer, eso ha cambiado. Las «brewsters» y «alewifes» han vuelto para quedarse.

Y es que, recordad, la cerveza no es cosa de hombres o de mujeres, sino de buen gusto.

 

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