La emprendedora zaragozana Marta Quílez recordará siempre con cariño sus tardes de infancia en el taller de su padre; entre el olor a tinta y a planchas de impresión, haciendo los deberes mientas jugaba con viejos compases. “Una de las cosas que más me gusta contar es que cuando salía del instituto, muchas veces me iba allí y me quedaba mirando lo que iba haciendo mi padre”, recuerda.

Juntos, padre e hija, fundaron en 2012 Quílez Stamps, una empresa aragonesa que ha tenido que reinventarse para seguir en pie y afrontar todos los procesos de cambio que atraviesa el mundo de la impresión y la flexografía. De la suma de conocimientos de padre e hija nace este proyecto que se nutre del diseño gráfico y de la venta online para llegar desde Zaragoza a otras partes del mundo. “Internet para mí es el arma fundamental de todo esto. Sin internet, no existiría… La suerte que hemos tenido es que yo puedo hacer diseño web, y partiendo un poco de las habilidades de mi padre y de las mías propias, hemos hecho un buen equipo para sacar la empresa hacia adelante dedicándonos cada uno a lo que nos gusta”, explica Quílez, profesora en la Escuela Superior de Diseño de Zaragoza.
En su taller familiar de la Cartuja, se dedican a fabricar sellos de fotolímero personalizados al gusto del cliente que venden y comercializan después a través de la tienda online para conseguir una fuente extra de beneficios. “Decidimos empezar con algo muy sencillo, utilizando los trozos que normalmente eran deshechos de materiales montados sobre unas monturas de madera. Fue una inversión inicial mínima que necesitó, sin embargo, del dominio de Internet”, detalla Marta. Para ello, hubo que mirar atrás y darle una vuelta al viejo oficio de la estampación flexográfica que le enseñó su padre, aprovechando todos los recursos que tenían a su alcance en el taller y que quizás –reconoce– “habíamos pasado un poco por alto”.
“Empezamos trabajando con un blog, por Internet, y al principio no teníamos sistema de venta. La gente nos enviaba e-mails para encargarnos las cosas. Teníamos tres o cuatro pedidos al mes, pero llegó un momento en que el e-mail se volvió caótico y ya decidimos implantar la tienda online y a recibir pedidos de todo el mundo”, cuenta la pequeña de este tándem.

Ahora atienden pedidos de diferentes lugares, desde empresas españolas a francesas, pasando por una librería australiana o una cadena de California. Marta asegura que es “muy satisfactorio” ver cómo a golpe de clic tu trabajo puede llegar a todas partes. Por eso, y para reivindicar su Zaragoza natal, agradece ese ‘feedback’ recibido de fuera con un guiño en forma de dulce: un adoquín escondido en cada pedido que envía. “Nos gusta dejar claro que somos de Zaragoza, que esto no lo fabrican en ningún otro lugar y que es una cosa hecha a mano. Me parece, además, una manera muy bonita también de llevar nuestra ciudad a otras partes. Que se vea que es una cosa que se ha hecho con cariño y que se ha hecho desde aquí”, subraya esta emprendedora, que se declara una “apasionada” del diseño gráfico. De hecho, buena parte del éxito de este proyecto viene de la pasión que ambos ponen en su trabajo diario. “Para mí el diseño gráfico es una de las partes más importantes de mi vida, así que poder tener Quílez Stamps es una ventana de aire fresco, de venir a trabajar con alegría, de levantarte por la mañana pensando que lo que estás haciendo es lo que quieres hacer. ¿A día de hoy? Yo creo que lo bueno es especializarte en algo, pero lo mejor de todo es hacer algo que te guste, porque si haces algo que te gusta tarde o temprano vas a ser bueno”, concluye.

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